Aquel día en Menté: 55 años de la caída que marcó a Luis Ocaña

Este lunes se cumplen 55 años de la caída de Luis Ocaña en el Col de Menté durante el Tour de Francia de 1971. El suceso, que detuvo su marcha triunfal y supuso el maillot amarillo para Eddy Merckx, es ahora recordado en un libro.
El 13 de julio de 1971 quedó grabado en la memoria del ciclismo español. En aquella fecha, hace ya 55 años, el Tour de Francia se adentraba en los Pirineos bajo condiciones adversas: lluvia, niebla y una tecnología ciclista que hoy parece prehistórica, con frenos poco fiables y ruedas estrechas. En este escenario, Luis Ocaña, quien lideraba la carrera y ponía en jaque a Eddy Merckx, sufrió una caída devastadora en el Col de Menté que lo obligó a abandonar. Una placa en la montaña es hoy testigo mudo de aquel drama que conmocionó a un país, que seguía la gesta ciclista a través de una televisión en blanco y negro.
La tecnología de la época contrasta con la actual. De haber contado con frenos de disco y bicicletas más robustas, es probable que Ocaña, un ciclista de gran talento pero a veces impulsivo y propenso a las caídas, hubiera evitado el accidente. La victoria de Merckx, que se negó a vestir el maillot amarillo en esa etapa por considerarlo no ganado deportivamente, se vio facilitada por el infortunio de Ocaña. Este suceso, que pudo haber sido el preludio de su consagración en París, solo se materializó dos años después, en 1973, cuando el ciclista conquense logró su ansiada victoria en la ronda gala.
La figura de Luis Ocaña, un ciclista que inspiró una profunda conexión con sus seguidores, ha trascendido el deporte. Su vida, marcada por altibajos, incluyendo su etapa como bodeguero y su trágico final en 1994, ha sido objeto de estudio literario. El periodista Carlos Arribas le dedicó una biografía, y más recientemente, el escritor Christian Laborde, conocido por su maestría en la literatura ciclista, ha publicado 'La caída de Luis Ocaña en el col de Menté'. Este libro, un poema dedicado al ciclista, evoca la admiración de un joven aficionado y la convicción de que aquel día en Menté alteró para siempre el curso de la historia del ciclismo.
La historia de la caída de Ocaña es un recordatorio de cómo la tecnología y las condiciones, a menudo subestimadas, pueden ser tan decisivas como el talento y la fuerza en el ciclismo.



