Norman Foster, a sus 91 años, revela su fórmula de vitalidad precoz

El afamado arquitecto británico Norman Foster, a sus 91 años, demuestra que la edad es solo un número gracias a una rutina rigurosa basada en madrugar, un desayuno ligero y una hidratación constante, complementada con esquí de fondo y entrenamiento de fuerza.
A sus 91 años, el icónico arquitecto británico Norman Foster sigue desafiando el paso del tiempo con una energía envidiable. Su secreto, según él mismo revela, radica en una disciplina inquebrantable: levantarse a las seis de la mañana, realizar un desayuno sumamente ligero y mantenerse muy bien hidratado. Esta rutina, lejos de ser un mero ritual, es el cimiento sobre el que construye un estilo de vida activo y exigente.
Foster no se limita a una vida sedentaria; su preparación física incluye deportes de alta intensidad como el esquí de fondo, disciplina en la que ha participado en la Engadin Skimarathon (una prueba de 42 kilómetros) más de 25 veces, forjando así una resistencia cardiovascular y una fuerza notables. Estas prácticas se complementan con rutinas de flexibilidad y fuerza destinadas a mantener una postura óptima, algo crucial dada su profesión y las largas horas dedicadas al dibujo.
Tras superar un cáncer de colon y un ataque cardíaco en la década de los 2000, Foster adoptó una mentalidad de «hacer más con menos», extrapolándola a su alimentación y hábitos. Prioriza una dieta limpia, un peso corporal controlado, descanso de calidad y entornos saludables, promoviendo incluso la inclusión de elementos que fomenten el bienestar psicológico en sus proyectos. Su vida, que oscila entre Londres y Madrid, se ha adaptado a gustos más saludables, con énfasis en frutas frescas de temporada y cereales integrales, y una atención especial a la hidratación para el buen funcionamiento corporal.
La figura de Elena Foster, su esposa y colaboradora en la Norman Foster Foundation, es destacada como un pilar fundamental en su vitalidad y longevidad. Como psicóloga y profesora, su apoyo ha sido clave en los momentos difíciles del arquitecto y en la proyección de su legado, que va más allá de sus obras arquitectónicas para convertirse en un referente en urbanismo y tecnología a nivel global.
La disciplina y la adaptabilidad son las verdaderas arquitecturas de la longevidad en el caso de Norman Foster.


