Geógrafo advierte sobre el exceso de bosques inflamables y la construcción en zonas de riesgo en Cataluña

El geógrafo Martí Boada ha expresado su inquietud ante la excesiva densidad de bosques mediterráneos en Cataluña, destacando su naturaleza pirófila y el riesgo que supone la construcción de viviendas en estas zonas. Señala que la región tiene más superficie forestal que países tradicionalmente considerados boscosos, y que esta abundancia, unida a la inflamabilidad de las especies autóctonas, gener
Martí Boada, doctor en Ciencias y geógrafo, ha lanzado una advertencia sobre la realidad forestal de Cataluña, desmintiendo la idea de que la región sufre una pérdida de bosques. Al contrario, Boada afirma que Cataluña posee una superficie forestal superior a la de naciones como Noruega o Francia, superando el 70% de su territorio. Esta abundancia, sin embargo, no es motivo de celebración para el experto, quien subraya que los bosques mediterráneos catalanes son intrínsecamente pirófilos, es decir, propensos a arder con facilidad. "El fuego les vuelve locos", sentenció, añadiendo como un grave error la construcción masiva de viviendas dentro de estas áreas boscosas, lo que eleva la prioridad de los bomberos a la salvaguarda de propiedades y vidas.
El geógrafo critica el concepto de "mito de la intocabilidad" de los bosques, describiéndolo como un pensamiento urbano y burgués que impide una gestión adecuada. Boada argumenta que el bosque, especialmente en Cataluña, necesita ser gestionado activamente, no sacralizado. La mayoría de los bosques son propiedad privada, pero los herederos rara vez se interesan por su mantenimiento, prefiriendo carreras en otros sectores. Esto ha llevado a la venta de terrenos a "capitales extraños" que, incluso contraviniendo normativas, urbanizaron suelo forestal, especialmente durante el franquismo. El problema fundamental, insiste, radica en la naturaleza de las especies arbóreas, como el Pinus halepensis, que están adaptadas a regenerarse tras el fuego, utilizando el calor para abrir sus piñas y sembrar semillas en un suelo enriquecido por las cenizas.
Boada ve el fuego como un elemento natural de regeneración para estos bosques, comparando su funcionamiento con el Pinus contorta de Yellowstone, donde el fuego desencadena la apertura de piñas y la posterior germinación. En el caso catalán, el Pinus halepensis contiene resinas e incluso compuestos volátiles que lo convierten en un "polvorín". A pesar de la aparente destrucción que causa un incendio, el geógrafo asegura que el bosque se recupera y que, en una década, apenas se notará dónde ocurrió. Su principal preocupación no es la pérdida de construcciones, sino el hecho de que la gestión forestal se ha vuelto un problema político y burocrático, con funcionarios que, a pesar de su poder, a menudo obstaculizan las mejoras necesarias.
Finalmente, el experto enfatiza que la crisis ambiental es una "crisis civilizatoria" que requiere un cambio radical en nuestros modos de vida, la movilidad y el uso de combustibles, más allá de los acuerdos climáticos o las declaraciones de organismos internacionales. Boada aboga por una gestión forestal activa, donde la "extracción" de madera o ramas no sea vista negativamente, sino como una forma de mejorar la salud del árbol y del bosque. "Si sabes que un bosque aumenta X toneladas por año, retirar X-1 toneladas mejora el árbol", explicó, instando a "cogerlo en serio" y a mantener una actitud "estratégicamente positiva" ante la magnitud del desafío, pensando en las generaciones futuras.
La advertencia de Martí Boada sobre la inflamabilidad de los bosques catalanes y la construcción en zonas de riesgo es una llamada de atención contundente que la sociedad y las administraciones deben escuchar.



