Edurne Pasaban: El Miedo como Aliado en la Conquista de los Ochomiles
Edurne Pasaban, la primera mujer en coronar los 14 ochomiles, comparte cómo el miedo fue un pilar fundamental en su trayectoria y reflexiona sobre la evolución de la salud mental en el deporte.
Edurne Pasaban, figura cumbre del alpinismo mundial y pionera al convertirse en la primera mujer en escalar los catorce picos de más de 8.000 metros, compartió su perspectiva sobre los inicios de su carrera y la transformación del deporte. "Mis inicios me quedan muy lejos", afirmó Pasaban, recordando una época en los años noventa y principios de los 2000 donde el himalayismo era un mundo "casi invisible". La alpinista, originaria del País Vasco y con una infancia marcada por la tradición montañera de su región, se adentró en la escalada a los 14 años, dando el salto a los Andes y finalmente al Himalaya. Su trayectoria se distingue no solo por sus logros deportivos, sino también por su valentía al abordar temas de salud mental, presión y vulnerabilidad, convirtiéndose en una voz influyente más allá de las cumbres.
Pasaban describió la dificultad de abrirse camino en un entorno "completamente masculino" en el alpinismo. "Llegabas a un campamento base y eras la única mujer allí, no solo en tu expedición, sino a veces en varias", relató. A sus 24 años, al pisar por primera vez una montaña de 8.000 metros, se enfrentó a comentarios cuestionando su presencia, a diferencia de sus compañeros de edad. Sin embargo, su determinación y la efectividad de sus resultados le permitieron ganar respeto. La consecución de los 14 ochomiles fue descrita como una "satisfacción a la vez" de haber alcanzado un hito histórico y de haber "dedicado su vida a un deporte tan minoritario", logrando que su camino saliera adelante a pesar de la incredulidad inicial de su entorno.
En 2006, en el apogeo de su carrera y tras haber coronado ocho ochomiles, Pasaban decidió hacer una pausa. La presión social, al ver a sus amigas formar familias y tener vidas distintas, la impulsó a reflexionar. "Esa presión social me pudo", confesó, al sentirse juzgada en un ámbito donde los hombres podían continuar sus carreras deportivas sin cuestionamientos. Esta experiencia la llevó a buscar ayuda profesional, marcando un punto de inflexión en su comprensión de la salud mental. Aunque reconoce que el tema ha avanzado, considera que "aún queda muchísimo camino por recorrer", ejemplificando con el miedo persistente de jóvenes deportistas profesionales. La gestión del miedo, según Pasaban, no es evitarlo, sino "evitar que te paralice", y en ello radica la clave para seguir adelante o saber cuándo "darse la vuelta" de forma segura.
Tras el parón, Pasaban regresó con renovada fuerza para completar su objetivo de los 14 ochomiles. Las herramientas de autoconocimiento adquiridas en 2006 fueron cruciales para gestionar la transición post-retirada. "Saber qué era lo que me hacía caer en ese agujero profundo, la necesidad de demostrar, de decir que sí a todo, esa dependencia de la aprobación y de la presión externa, me permitió identificarlo y empezar a gestionarlo", explicó, si bien enfatizó que el apoyo psicológico y psiquiátrico fue fundamental. A pesar de extrañar "muchísimo" la adrenalina de la alta montaña, se muestra "muy feliz" con su vida actual, aunque reconoce que aún le falta esa emoción. El momento cumbre en la cima de un ochomil, lejos de la imagen idílica, se describe como "minutos llenos de nervios" centrados en la logística y la inminente bajada, y no la explosión de júbilo soñada.
La valentía de Edurne Pasaban al hablar del miedo y la salud mental redefine el concepto de fortaleza en el deporte, mostrando que la vulnerabilidad es, de hecho, su mayor poder.
